Nunca me propuse cuando comenz— el viaje que me llev— a las lejanas tierras de Guinea Ecuatorial, a finales de octubre de 2003, plasmar sobre un papel lo que ahora est‡s a punto de leer; pero gracias a una peque–a libreta que me acompa–— en todo momento, uno de esos d’as que la ciudad de Mongomo me obsequi— con suficiente luz elŽctrica, me sent’ con fuerzas para dar inicio a esta historia: Ç29 de octubre de 2003È y en la que en m‡s de una ocasi—n, me sent’ un blanco casi perfecto...