No era f‡cil ni sencillo para una madre de 33 a–os partir de 0 sin la necesidad de mirar atr‡s, sin arrepentirse. Ella ten’a marcadas a fuego en su cabeza las frases t’picas y el sentido comœn que se hab’a autoimpuesto antes de tomar aquella repentina y crucial decisi—n: Empieza tu vidaÉ No dudes, As’ es la vida, No mires atr‡s, SobreviveÉ
Roc’o s—lo ten’a 14 a–os y en un segundo dejaba atr‡s toda su infancia en Sevilla; con rostro serio y adormilado miraba el andŽn de Santa Justa con la frente apoyada en el cristal de su compartimiento con los brazos cruzados y el cuerpo inclinado a un lado.
Pasados unos minutos Roc’o se top— con la mirada dulce de su madre, sentada a su lado, volvi— a girar la cara hacia el cristal y cerr— los ojos para intentar dormir. Su madre le cogi— suavemente la mano y comenz— a acariciarla con todo el amor que le fue posible. Roc’o se solt— bruscamente, y volvi— a cruzarse de brazos.